Miedos

descargaDicen que el miedo es una respuesta natural ante el peligro. Cualquier peligro que se intuya produce miedo. Pero el peligro es algo relativo. Depende de lo que cada uno entienda como amenaza a todo su universo o a una parte del mismo. Hay miedos que se gestionan en laboratorios y se trasladan en raíles que desembocan en ciertos medios de comunicación para su difusión, sin importar demasiado su credibilidad, pero buscando su efecto en los receptores. Lo que realmente importa a los inductores es difundir el temor al precio que sea, con aderezos de mentiras e hipotéticas malformaciones de la realidad.

La manipulación del miedo en manos de políticos irresponsables y mediocres desarrolla en algunas mentes pacíficas el interrogante de la correcta actuación en unas elecciones que no han salido como esperaban algunos. Todos conocemos sobradamente el resultado y las combinaciones que se están haciendo para gobernar el país. Porque al fin y al cabo lo que interesa es mandar y tener la capacidad de decidir sobre el futuro del resto de ciudadanos durante cuatro años. No me sirven los argumentos que se esgrimen desde las jefaturas de partidos acostumbrados al mando de que la diversidad es peligrosa para el buen gobierno. Ni tampoco me convencen las tribunas que vociferan sobre la necesidad del consenso y del equilibrio. ¿Qué equilibrio? ¿El económico que beneficia a unos cuántos?

Distribuir el miedo con una máquina de humo por las calles de los pueblos de España es una actitud deleznable. Y si encima se hace a expensan de los resultados de unos comicios electorales en los que han participado los ciudadanos para elegir lo que han creído oportuno, es aún más cobarde. Pero el variopinto resultado no ha contentado a los que acostumbran a ganar. El miedo se ha apoderado de los despachos donde se cuecen los mensajes de un hipotético equilibrio y los actores veteranos se han lanzado a convencer, y convencerse, de que si no hay mayorías y pactos el país se puede ir al garete. O sea, que nos engulle un agujero negro amigo de los enemigos del buen hacer, del equilibrio, de lo correctamente establecido por las normas de una democracia con interpretación partidista.

Miedo a referéndums, miedo a que la gente opine, miedo a perder medallas y poder, sueldos y lujos. Miedo a que se esfume lo conseguido con engaños a la buena voluntad. Miedo a la libertad.

Articulo publicado en elmundo.es el 29 de Diciembre de 2015

 

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