La programada felicidad

descargaLa recta final de un dosmilquince veloz, se enmarca de nuevo en una cita donde la tradición, el consumo y la casi obligación de ser feliz, desatan todos los resortes de estados anímicos contradictorios, de complicada definición. Es una cita anual con una estructura muy definida, sin posibilidad de improvisar. O te adaptas a lo establecido o te esfumas a una parte del mundo en la que no te persiga. Si te quedas ya sabes lo que te viene encima. Y por mucho que te empeñes en aislarte de su influencia será difícil, o imposible, que no te afecte cualquier ramal de la trilogía festiva.

Nadal avanza con firmeza, sabiendo que se le espera sin oposición. Y si la hay no es suficientemente potente para echar por tierra la fuerza dominante de la tradición. Son unas fechas en las que todo está perfectamente diseñado para romper con la realidad cotidiana. Son fiestas de fuertes contrastes en las vidas de los que transitan por las casillas de un calendario que impone tiránicamente sus normas. Cada día tiene su número y su nombre. Y en ese cuadro hay escenas grabadas, imborrables. Sólo la capacidad de elección de cada individuo le permitirá dejarse seducir por las pinturas que alguien, un día, inmortalizó, para que el resto siguiera la senda de las tradiciones.

Navidad para ser feliz, para sonreír aunque no tengas ganas, para ser amable con quien te está amargando la vida el resto del año. Navidad para regalar lo innecesario y para sentirse todopoderoso con una tarjeta de plástico que va de mano en mano hasta quedarse más seca que la mojama. Volver a casa por Navidad y creerse que la felicidad se puede programar con una pastilla de turrón y un cava en la mesa.

Estas fechas son crueles para muchas personas que no tienen capacidad para escapar de sus carencias económicas, de su soledad, de su desgarradora tristeza. Su injusta y desesperada situación se amplifica, si aún cabe más pesadumbre, con los mensajes de felicidad que se cuelan por todas las rendijas.

Habrá quien hará uso de la caridad y contentará su conciencia depositando una moneda en la mano de un pobre con la mirada en un punto del universo al que no llega Papá Noel.

Pero no me hagan caso. No quiero aguarles las fiestas. Disfruten estos días. Y del resto del año.

Publicado en elmundo.es el 22 de Diciembre de 2015

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