El «zarpazo» de Rajoy

Mariano Rajoy tras mejorar los resultados del PP el 26 de junio

Es verdad que el PP aún está lejos de la mayoría absoluta, muy lejos, pero tras las elecciones del pasado domingo no cabe duda que es el único partido que puede sacar pecho y el único en condiciones reales de gobernar el país. Durante los últimos meses los “líderes” políticos han jugado una partida de ajedrez cuyo principal objetivo era derrotar al contrario, no el interés general de los españoles. Y así lo ha percibido el electorado, que ha votado miedo, seguridad para no perder lo conseguido estos últimos años y, sobre todo,… mucha Europa -los populares, y en menor medida los socialistas, debían hacer un monumento a Cameron, que con su locura de referéndum ha extendido el pánico al electorado nacional y ha contribuido a frenar lo que la derecha pronosticaba como apocalíptico, de haber llegado Pablo Iglesias a la Moncloa-.

Desde un principio Mariano Rajoy se enrocó, y a la larga, se ha visto que era la mejor opción frente a unos oponentes que se han desgastado en una batalla por el segundo puesto. Hay claramente tres derrotados en mayor o menor medida.

Sin duda, Unidos Podemos, que aspiraba al sorpasso al PSOE y lo que se ha llevado es un verdadero “zarpazo”. Íñigo Errojón tenía razón, la confluencia con IU, lejos de ser positiva, ha sido todo un lastre para este partido que se ha nutrido de las más variopinta formaciones para lograr una gran coalición, gran coalición que no ha podido con un PSOE agonizante. Y es que una gran parte de Izquierda Unida jamás renunciará a su identidad, a ese rancio sabor a comunismo que siempre ha destilado por mucho que los chicos de Pablo Iglesias se hayan vestido de socialdemócratas por unas semanas. Porque Iglesias ha sido todo un camaleón, sólo le ha faltado decir que le hubiera gustado acudir a un colegio de religiosas para conseguir el voto católico. IU, en ese punto, ha sido coherente, nunca ha renunciado a su ideario ni a sus principios, por eso nunca ha alcanzado el poder. Es toda una contradicción pero es lo que es esta izquierda más extrema, una amalgama de siglas que han intentado dar un golpe de autoridad sin contar con el PSOE, por mucho que dijeran: “Pedro el enemigo no soy yo, es Rajoy…”, recuerdan. Cuanta pérdida de tiempo. Pues sin los socialistas no habrá sorpasso al PP y el sueño de Anguita, por lo tanto, se queda en pesadilla. Esta vez la pinza tampoco ha acabado con el PSOE.

El electorado ha castigado la falta de acuerdo entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Hace unos meses sí hubiera sido posible un gobierno de izquierdas, pero las ganas de llegar demasiado rápido al poder por parte de uno, y la falta de apoyo interno del otro, han dejado en vía muerta cualquier posibilidad de un gobierno de progreso. Cataluña no era el problema, el inconveniente era que los barones del PSOE no querían ministros de Podemos en un hipotético gobierno y han tenido atado de pies y manos a Sánchez. Había y hay una total falta de confianza entre ambas formaciones, que están condenadas a entenderse si quieren cambiar el color político de este país en un futuro. Lo que no se puede hacer es intentar derribar al partido que ha posibilitado la transformación de España en este periodo democrático que aún vivimos. Un ejemplo de enfrentamiento lo tenemos aquí mismo, en Alicante y San Vicente. No se puede gobernar mirando de reojo a tu socio y esperando la próxima puñalada trapera.  La mezcla del agua con el aceite nunca ha resultado positiva. Desde luego, hay que quitar uno de los dos elementos; la vaselina tampoco ha servido, aunque se ha gastado en cantidades ingentes.

Ciudadanos ha sufrido el desgaste lógico. Las pasadas elecciones de diciembre hubo un castigo al PP, sobre todo por temas relacionados con la corrupción. Albert Rivera lo canalizó adecuadamente sacando un rédito electoral inaudito. Ahora, cuando ha llegado la hora de la verdad, el electorado de centro derecha se ha quedado con la copia original. Toca pactar o apoyar un gobierno presidido por Rajoy, porque nadie va a poner en duda que Rajoy opte a la presidencia, ¿o sí?.. Unas nuevas elecciones serían un suicidio colectivo, salvo para el PP o quizás el PSOE. El bipartidismo, sin duda, ha tomado aire porque el electorado es como el dinero, tiene miedo y se refugia en los valores seguros. Los partidos nuevos se empiezan a quedar viejos, pero en política como en la vida hay que respetar a tus mayores, nunca menospreciarlos, que se lo digan a los británicos. Ciudadanos está condenado a contribuir a la gobernabilidad de este país, y si me lo admiten, incluso el propio PSOE. Vivimos una situación extraordinariamente grave en España y en la Unión Europea. ¡Por favor!, un poco de sentido común.

Y Pedro Sánchez. Pues es un superviviente. Es evidente que le falta carisma, pero tampoco tiene Rajoy y ahí está. A Sánchez le han puesto zancadillas desde dentro y desde fuera. Pese a ello, ha logrado salir vivo, que no es poco. Encima, su gran rival, Susana Díaz, ha perdido las elecciones en Andalucía, aunque ha sido una derrota dulce. La lideresa no parece estar ahora en una posición de fuerza para imponer su criterio, máxime cuando el PSOE ha evitado el sorpasso: siempre es mejor recomponer tus filas siendo la referencia en la oposición que estar por detrás de Podemos, lo que hubiera sido un desastre absoluto para los socialistas. Toca recomponer un partido que tiene que reconquistar parte de su electorado, ese que se ha ido a los extremos y que ha impedido una mayoría progresista.

Hablar del PP es hablar de Rajoy. Un político nada carismático que se ha limitado a ver cómo sus enemigos se desgastaban poco a poco sin mover un dedo. Ni los múltiples casos de corrupción, incluso con escándalos que han alcanzado a algunos ministros, han hecho variar el rumbo del líder popular. Es el premio a la tenacidad y al inmovilismo. Todo un descrédito para sus adversarios políticos. Ha aprovechado bien sus armas y el miedo o quizá la coherencia han vuelto  a dar una oportunidad a un partido que gobernará la nación otros cuatro años. Tiene retos trascendentales: bajar la tasa de paro (es inmoral la actual), elevar el poder adquisitivo de los españoles, modernizar el sistema productivo, proteger las pensiones y el Estado del bienestar, cambiar algunos artículos de la Constitución, encajar a Cataluña en el Estado…y para ello necesitará a otros partidos, incluido el PSOE, su oponente natural.

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