Alicante íntima

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La princesa Mariola aguarda en la Cova Blanca, con la pantera Pinta a sus pies, a que te dignes acercarte a su sierra y te dejes envolver por una sinfonía de fragancias que sólo encontrarás entre sendas custodiadas por plantas y hierbas de aromas que te llevarán a lo más profundo de tu existencia. Ahora tienes la ocasión de crear tu propia leyenda si sabes despojarte de prejuicios de turista y te calzas las botas de la imaginación que te trasladarán de tu aburrido rincón vacacional a un mundo de escarpadas rocas a las que tendrás que retar si quieres conquistar el castillo y tener el privilegio de contemplar el más bello paisaje que puedas desear.

Porque de deseos se trata cuando decides mezclarte con tejos, descender a pozos de nieve, dejar que el agua de las fuentes se deslice por tus dedos y escuchar infinidad de cantos de pájaros que tendrás que descifrar antes de abandonar el paraíso.

Las tierras del interior de la provincia de Alicante cobijan leyendas y castillos, ríos y silencios. Hay parajes que las guías han ocultado para dejar al viajero que elija su destino y se aventure a cruzar la frontera de la niebla y el susurro de todos los personajes que habitan estas tierras y que sólo se dejan ver si sabes respetar su intimidad.

Lo imaginable resguarda lunas que se deslizan detrás de una cascada que acaricia un lago en cuyo fondo una doncella encantada te observa sonriente. Los bosques de estas tierras del sur no envidian a sus parientes norteños salvo en la sed. Tienen todos los matices, olores y texturas que puedas desear ver, oler y tocar.

Amaneceres y atardeceres compiten en las montañas de Alacant en un relevo de astros que en cada ocasión improvisan un juego de luces que ofrecen un espectáculo arrogante y humilde.

Nunca se repetirán los mismos colores ni la misma intensidad. La naturaleza es simpática en estas sierras, montañas y valles de las comarcas del sur del País Valencià. Su sola presencia te alegra la vida y dispara los deseos más agradables y vitales de los que se atreven a rozar su manto.

El denso viaje hacia el interior de estas tierras es algo más que un simple desplazamiento. No es apto para los que no saben oler el rocío ni para los agnósticos de la belleza. Respira y goza.

Publicado en elmundo.es el 16 de agosto de 2016

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