De los retos trágicos

descarga

La muerte absurda se ha vuelto a colar por las grietas de los pilares que siguen sosteniendo las tradiciones irracionales y salvajes de este país. No sólo mueren toros masacrados por el ansia de sangre de los que, desde las gradas, vocean hasta desgañitarse. También mueren personas. Y cuando esto ocurre la tristeza de los espectadores se une a la de los que estamos fuera y no queremos entrar a ver el sangriento espectáculo. Un torero y un participante en unas fiestas con toros y vacas como protagonistas, han muerto este fin de semana, sumando dos episodios absurdos a la historia de un país que se niega a deshacerse de unas tradiciones que sólo alimentan la diversión de un porcentaje muy bajo de habitantes.

En España hay casi seiscientas plazas de toros en las que se celebran unas doce mil corridas al año y en las que se ejecutan setenta mil toros, a una media de nueve por cada corrida. Según encuestas de empresas independientes un setenta por ciento de la sociedad española rechaza las corridas de toros, y en especial los jóvenes (más del 85%). Pero la industria de la tauromaquia está bien respaldada por la mayoría de las administraciones, con subvenciones cuantiosas que mantienen la llama de una mal entendida «tradición ancestral» que muy pocos se atreven a enterrar, a pesar de que ya empiezan a despuntar ayuntamientos españoles que se niegan a celebrar corridas de toros y cualquier manifestación festiva que tenga al animal como protagonista.

Pero volvamos a los trágicos acontecimientos del fin de semana. En Teruel murió el torero Víctor Barrio, por una cornada en el pecho. Puede que para muchos de los aficionados haya pasado a la historia de los héroes que han dejado su vida en el albero de una plaza de toros. Pero para su familia, sus amigos y el resto de personas, el sentimiento es de rabia, de impotencia. De lamentarse por haber querido enfrentarse a una muerte absurda contra un animal que quería defenderse.

Lo del joven de Almoines, Rubén Frasquet, que perdió la vida en Pedreguer, es otro capítulo de lo fácil que es pasar de fiesta a tragedia. Por muchas medidas de seguridad que existan siempre habrá un resquicio por el que se cuele la muerte. De nada sirve lamentarse si el próximo año se repiten los mismos juegos, los mismos retos trágicos.

Publicado en elmundo.es el 12 de julio de 2016

Esta entrada fue publicada en Café Central y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *