Factor humano

descargaLos humanos creamos robots y mecanismos para arropar nuestra seguridad y evitar accidentes. Dejamos que los artilugios fabricados por nosotros mismos actúen en caso de necesidad y superen nuestras carencias, defectos y fallos. Cada vez interviene menos el hombre en los procesos del transporte en todos los campos. Pero interviene. No hay más remedio. Y precisamente esa necesaria intervención es la que provoca más accidentes que los propios aparatos que se conducen.

El porcentaje de errores humanos es mayor que los fallos mecánicos en aviones, barcos, trenes, autobuses, coches, motos, y bicicletas.

Algo falla pues para que la intervención humana en la conducción sea la que precipite el cambio radical en la vida de una persona. Por muy seguro que sea un coche y por muchas respuestas activas y pasivas que se ofrezcan al comprador, siempre será éste quien lo conduzca como le salga de las narices, y a veces lo que le sale a más de uno de un cerebelo contaminado es pisar fuerte el acelerador, no respetar las señales ni las normas de conducción y llevarse por delante vidas que hace unos segundos nada tenían que ver con el criminal conductor.

Pero no todos los accidentes se producen por defectos en la fabricación de las neuronas inyectadas en sangre de algunos conductores. Hay sueño, despistes, molestias, ataques cardiacos, epilepsias y un largo rosario de causas que provocan llantos e impotencia. Y para estos casos no hay robots ni artilugios que eviten la tragedia. Se puede ser un buen conductor de autobús, llevar la mejor máquina del mercado, conducir por una carretera segura y quedarse dormido unos segundos. ¿Quién evita la tragedia?

Una sola persona tiene la responsabilidad de llevar sanos y salvos a cincuenta personas a su destino. Si le ocurre algo a esa persona no hay posibilidad de rectificar el rumbo del fatal destino del resto de los ocupantes. Otros medios de transporte, tren o avión, por ejemplo, tienen más recursos de seguridad en caso de fallo humano. Aunque a veces también resultan insuficientes. Pero la conducción por carretera se juega a una sola carta. Es un peaje que tenemos que pagar todos los que viajamos sobre ruedas.

El factor humano es imprescindible en cualquier actividad. Pero el progreso puede paliar o frenar los fallos de un cuerpo y ayudar en una conducción más segura. En ello se deberían volcar diseñadores, fabricantes y autoridades.

Publicado en elmundo.es el 22 de marzo de 2016

 

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