Leer alarga la vida

book-1149031_1920Vimos una noticia en uno de los principales periódicos de España, allá por el mes de agosto (de 2016, claro). Fue el titular el que tiró de nosotros, pues decía “Al fin una droga buena para la salud: leer alarga la vida”. En plena canícula disfrutábamos de lecturas variadas. Pasábamos de Javier Marías en plan recuerdos a las últimas aventuras barcelonesas de Eduardo Mendoza, los últimos toques a un libro un poco pesado de Antonio Muñoz Molina, continuando con las enseñanzas demoradas de nuestro Azorín, las secuelas del año teresiano concluyendo el Libro de la Vida y hasta una aventura de Luis Zueco con “El castillo”, un descubrimiento del autor y de la importancia que tenían los castillos en la época medieval, contándonos las peripecias del castillo de Loarre (Huesca) donde están los únicos restos en España de san Demetrio, que quizás buscábamos literariamente. Todo el paquete engarzado en los apretados propósitos de unos minutos (o un capitulito, a veces medio) con compañía familiar y algún heladito diario.

Berna González en El País nos traía buenas noticias para los devoradores de páginas deseosos de no saciar el hambre jamás, aunque empezaba diciendo que la práctica del deporte (que los libro-adictos sacrificamos bastante, aunque sin renunciar) había conseguido el reconocimiento generalizado de ser capaz de aumentar nuestra esperanza de vida en cinco años, a la vez que citaba otros descubrimientos como consecuencia de estudios realizados en laboratorio experimentando con ratones (lo del grano del cereal, la interacción de dos genomas mitocondriales que alarga la vida, que comer poco atrasa el envejecimiento, y todas esas cosas); pero había algo que no podían estudiar con ratones (no, no, imposible) y procedía, no obstante, de varios estudios universitarios sobre salud y jubilación, contando con el nivel de estudios y de hábitos de los conejillos que eran las personas mayores, y que da como resultado que los devoradores de páginas son insaciables porque no se cansan jamás. Esa “tendencia” resulta que alarga la vida y… espere, espere: ¡cuánto más, mejor! Datos: Los lectores de 3,5 horas a la semana de media viven un 17% más que los que no abren un libro, y quienes leen más tiempo aún, un 23% más. Eso supone casi dos años de propina, que algo es algo. Media hora al día sería lo mínimo, aunque nos advierten que la prensa no cuenta igual.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *